Vacaciones de miedo
Halloween está a la vuelta de la esquina y un equipo del De Marcha ha viajado a Port Aventura para sentir en primera persona el terror que se esconde en los dÃas previos a la noche de los muertos. El dragón Kahn y el Hurakan Cóndor conviven ahora con esqueletos, calabazas, vampiros y espectáculos donde la sangre y el miedo son los protagonistas. Si quieres vivir de verdad el ambiente de la noche de los muertos, acércate a este parque temático. Tienes hasta el 12 de noviembre para hacerlo.
TEXTO:/LETICIA MENA Y
GONZALO SELLERS
FOTOS:
PABLO
BERMÚDEZ Y MARÃA CASADO
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Los esqueletos balanceándose con sarcasmo en el techo de la entrada sólo iban a ser un aperitivo de dos dÃas sintiendo un Halloween prematuro en nuestras entrañas. El hotel El Paso, a escasos 100 metros del parque temático, es un gigantesco recinto que emula el encanto del tÃpico pueblo mediterráneo, apto para la tranquilidad y el descanso, excepto en estas fechas.
Con las maletas en las manos y dando la espalda al festival de huesos que nos habÃa recibido, llegamos a la mesa de recepción. Mientras esperamos, el primer susto nos acecha cómodamente sentado en uno de los sofás. Un par de cuencas de ojos vacÃas nos miran fijamente desde el otro extremo del hall. Las tibias y costillas no estaban esta vez al aire, sino elegantemente vestidas con un traje de época. La calavera se relame de glamour bajo una pamela violeta. Y es que, aunque aún queden algunos dÃas para la noche de los muertos, Port Aventura y todo su entorno ya han cambiado su rostro para vivir intensamente esa fecha.
Noches terrorÃficas
Nos alojamos en la zona Burn, especialmente acondicionada para ofrecernos dos noches terrorÃficas. El contrato que nos dan antes lo dice todo: «Durante su alojamiento, pueden verse alterados o modificados de forma provisional, servicios básicos como el agua, la luz y el teléfono». No venimos a relajarnos, sino a pasarlo bien sintiendo miedo. La recepcionista, que nos deja firmarlo con boli en lugar de con sangre, nos dedica una sonrisa maliciosa, de esas que sólo significan una cosa: «No sabéis lo que os espera».
Nos dirigimos a las habitaciones, situadas en un extremo de la plaza central a modo de adosados. Al abrir la puerta exterior el espÃritu de Halloween nos golpea en el rostro. Un ataúd coronado por decenas de calaveras nos da la bienvenida en la entrada. El ambiente es tétrico: oscuridad, cortinas moradas, candelabros ninguna diferencia con la mansión de la familia Monster. Los pasillos no se quedan rezagados. Cuadros antiguos con retratos fantasmales y una vieja alfombra roja nos acompañan hasta la habitación. De fondo, una música tétrica que reproduce voces de niños y sonidos estridentes.
Dentro, la historia se repite. Las cortinas del baño, empapadas en sangre simulada hacen juego con un espejo donde puede leerse: «El mal está aquû y con las toallas negras. El dormitorio está presidido por el cuadro de un rostro cuasi maligno y una silla eléctrica, mientras que la cama parece asustada por la malla mosquitera que la acuna. Eso sÃ, para paliar tanto susto, nos encontramos con champán y fruta fresca. Lo que no sabÃamos entonces era que lo 'peor' llegarÃa con la noche. Port Aventura, al igual que el hotel, también se habÃa rendido a los encantos de Halloween. Desde su área de China hasta Méjico, pasando por el mÃtico Far West, en todas ellas se respira un ambiente tétrico protagonizado por cientos de calabazas y los ya asiduos esqueletos disfrazados para la ocasión.
Muerta viviente
Incluso, en el espectáculo musical del lejano oeste lleva la voz cantante una muerta viviente con un palo atravesando su garganta, acompañada por un ejército de músicos zombis. Inmersos en esta espiral de miedo, no podÃamos dejar pasar la oportunidad de subirnos a la atracción-icono del parque: el dragon Kahn. El Hurakan Cóndor y sus 100 metros de caÃda libre quedarán para mejor ocasión. Después de una cena en el restaurante Marco Polo, en el área de China (el mejor boufette de comida oriental), nos concienciamos para regresar a las habitaciones y sus tétricas sorpresas. Todo lo imaginado se quedó corto.
De entrada, todo el pasillo del hotel está cubierto por una espesa niebla que no permite distinguir nada a un metro de distancia. Palpamos las paredes para guiarnos y, de pronto, intuimos una sombra que pasa a nuestro lado. Será nuestra imaginación pero no. A los pocos segundos otra sombra se acerca. Esta vez podemos distinguir claramente su figura.
Cuchillo ensangrentado
Es una mujer, pálida como la tiza, embutida en un vestido de época negro y polvoriento y con un cuchillo ensangrentado en sus manos. SÃ, sabemos que es una actriz contratada por el Hotel, que sólo es una caracterización, pero en ese momento y en ese contexto, su mirada nos deja frÃos.
Corremos hacia la habitación. Nos creemos a salvo, pero la pesadilla sólo acaba de comenzar. Los grifos escupen lÃquido rojo, la cama empieza a temblar (los recuerdos a la niña de El exorcista) son inevitables) y el teléfono empieza a sonar y una voz nos llama por nuestros nombres desde el otro lado. De pronto, la puerta se abre y la estancia queda en penumbra. OÃmos los pasos de otra persona en la habitación. TenÃamos parte de razón. HabÃa alguien más, pero no una persona.. El mismÃsmo Drácula, con la sangre chorreando por sus colmillos nos visitaba. SÃ, otro actor, pero en ese momento parecÃa el mismo señor de las tinieblas.
Y asà discurrió la noche, entre carreras por los pasillos y más visitas inesperadas de monjes turbulentos, vampiresas terrorÃficas e, incluso, la abuela asesina de 'Psicosis'. A las dos de la madrugada el hotel se queda en calma y los monstruos se van a dormir. Necesitan estar descansados cuando seas tú quien ocupes la habitación.